Saturday, March 2

y cuando te sumerges ya no sales. es que ya no sales nunca. y siempre querrás más, y más. y pasar de una calle a la siguiente con ansia, y con gozo, y con las pupilas mazo de abiertas. y la gente de allí, que te piropea amablemente, que son encantadores, que les gustan nuestros sombreros y chaquetas y nuestra vibración madrileña. perfectas aventuras para un relato corto sobre dos chicas que van a la gran manzana por la vida, los bonitos edificios y los cafés, pero que duermen en brooklyn. o no. que todo les parece genial, que todo es nuevo y se sienten como dos crías que fingen ser mayores.
hemos bailado hiphop en un garito al cual no sabríamos volver jamás, fumando como si fuera legal, rodeadas de negros de unos dos por dos metros cada uno que sólo una mano era más grande que nuestra cabeza; hemos cenado en familia con una familia que no era la nuestra; nos hemos aficionado a la cerveza china, y probablemente a los chupitos de tequila, y a los cafés, y los bagels, y los pitis en el jardín. hemos visto un concierto garage en una pizzería de barrio, y también hemos entrado al ritz a robar catering mientras escuchábamos jazz. hemos sido vagabundas en el metro, hemos visto ratas, y vómito de alguien muy perjudicado. también atardeceres desde el río Hudson, y desde el centro con el skyline. y por las mañanas hacía mucho calor, y dependiendo en qué calle estuvieras hacía más o menos viento, más o menos frío. hemos encontrado viejas tiendas de viejos vendedores adorables. y bebido doctor peppers. y pedido alitas de pollo al estado de massachusetts. y nos hemos reído de poemas mal inventados, y de bailes encima de barras de bar, y de chistes, y porque sí. qué bonita eres nueva york, y qué bonitas haces a las personas.
creo que en realidad sigo ahí. creo que nunca me fui. o al menos una parte de mí.